viernes, 26 de agosto de 2016

Acción poética

Si vas conduciendo y te encuentras con un coche fúnebre que circula sin un féretro, contempla la posibilidad de causar un accidente para resolver la contradicción intrínseca.

viernes, 5 de diciembre de 2014

lunes, 30 de septiembre de 2013

Ya no me caigo de la cama


Se me ocurrió una interesante metáfora para el paso a la edad adulta y la emancipación. Se me ocurrió narrar que al cambiar la posición de la cama en una habitación la dependencia se disolvía, desaparecía, se esfumaba. Que en casa de los padres uno de los lados de la cama está pegado a una pared. Y te independizas y de repente tienes una gran cama que se junta con la pared por el cabecero. La pérdida del sustento paterno simbolizada en la ausente pared; algo así como un paso más allá de quitarle el último ruedín a la bicicleta, pero quitándole la última pared a la cama. Y así reafirmas tu posición de independencia y te aseguras la posibilidad de elegir cada mañana por qué lado de la cama vas a salir (aunque siempre usarás el mismo). Pero la cuestión es que puedes vivir como te dé la gana y eso hay que celebrarlo.

Entonces charlé con un amigo sobre el libre albedrío y la ilusión de elección, entre otras cosas. Mi amigo no me necesita, ni yo a él. Y sin embargo siempre estamos ahí el uno para el otro. Mi amigo sería un poco como los pies de la cama. No lo usas para dormir y a priori no parece imprescindible, pero se te ofrece constantemente cuando necesitas un lugar donde apoyarte, como cuando te atas los zapatos, recalculas tus últimos movimientos del día recién acabado o ensayas mentalmente por la mañana todos los discursos que deberías declamar en las horas siguientes.

Así que aquí andan las piezas: primero, nuestros padres nos dan dos (ruedas y paredes, en la cuna), dirigen del todo nuestra vida, no tenemos la opción de caer a un lado u otro. Después nos quitan una, pero eso no es una invitación a elegir aún, sino más bien a equivocarnos, y nos caemos unas cuantas veces mientras practicamos para seguir rectos, pero todavía tenemos una red de seguridad. Y cuando más tarde ellos se van y nos dejan dejarles, ahí sí, llega el momento de elegir, que es la forma más cruda y complicada de equivocarse, porque da lo mismo por qué lado caigamos o salgamos de la cama, que nunca habremos acertado.

Se me ocurrió que quizá la metáfora podía ser aprovechada y utilizada a nuestro favor, que igual sería posible alargar la niñez simplemente manteniendo la misma cama. O incluso recuperarla solo con arrimar la cama a la pared. Pero no estoy seguro de saber qué quiere decir la niñez. ¿Inocencia, irresponsabilidad? ¿Novedad, pasión? Bueno, las cuatro cosas se pueden obtener de una buena amante. Hay una quinta cosa algo más difícil de obtener, incluso cuando aún se es niño, y es estar libre de ansia. Y esta es particularmente difícil de obtener de una buena amante.

Da igual cuánto tarde, porque el momento acabará llegando. Pero dormir en una cama con dos lados no es tan fácil como parece. Elegir no es nada sencillo. Más de uno se caerá si no está pegado a la pared. Y los hay que sencillamente ignoran uno de los lados, construyendo un muro imaginario en medio, usando solo una mitad, o no se mueven de su esquina, temiendo que la escasez de puntos de apoyo lleve a la cama a desmoronarse.

Veo que no avanzo, que no sé elegir por qué lado dirigir la escritura. Maldita la interesante metáfora que me ha traído hasta aquí. Escribió Kundera en La Insoportable Levedad del Ser: "Tomás no se daba cuenta en aquella ocasión de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora". Metáfora infame.Yo ya no me caigo de la cama, porque duermo pegado a ti.

lunes, 5 de agosto de 2013

OchoQuince 1x02: Especial Breaking Bad

Esta mañana ha salido el segundo número de esta revista en la que colaboro con un relato llamado White to black (página 44). Todo el número está dedicado a Breaking Bad, cuyo final empieza este día 11. Para leer mi relato no es imprescindible haber seguido la serie, aunque creo que es recomendable.
También participé en el primer número con un artículo (Phil The Human: "Los niños no somos estupidos") y un relato (La Fábrica: Episodio I). La podéis encontrar AQUÍ.

 Hala, hala, a disfrutarla y difundirla.

 Muchas gracias a @jesusvs_txetxu y a @sickmonkeys por haberme incluido en su proyecto.

 www.ochoquincemag.com

lunes, 1 de abril de 2013

Juntar los puntos

Me apellido Gallardo. Al describir a un nuevo personaje es ideal comportarse como el que diseña pasatiempos. Más concretamente, como el que distribuye unos puntos ataviados con unos números que señalan un orden. Solo escribo de Pascuas a Ramos, pero en esos periodos de inactividad me da tiempo a descubrir alguna que otra cosa sobre la escritura. En ocasiones ese descubrir se confunde con crear, pero nunca sé hasta qué punto no estamos recuperando una idea que a alguien se le ocurrió, aunque no la expresara. Consiste en indicar vagamente unos vértices del personaje, ciertos rasgos que lo definan, pero teniendo en cuenta que quizá sea un niño quien lo resuelva, y aun así deberá ser reconocible. Tantos y tantos miles de millones de personas han existido, tantísimos años han vivido, y cada uno con su lengua incansable, articulando sin parar una sílaba tras otra, en diferentes idiomas quizá; por eso, ¿cuántas combinaciones de palabras quedan aún inexploradas y vírgenes? La hermana de mi padre se casó con el señor Buendía, pero no era familiar de Aureliano, ya lo he comprobado. Muchos se limitarán a empuñar un bolígrafo y con líneas rectas y firmes unir el [·1 -Sus manos eran fuertes, como las de un estibador, grandes y rugosas, como el casco de un viejo barco] con el [·2 -El pasado de bailarina forjó en sus ojos unas armas de mujer que no conocieron jamás el desgaste y siempre brillaron en las batallas], y éste con el [·3 -Solo a los niños y a los borrachos les permitía ver la belleza de sus manos y la furia de sus ojos, después de toda una vida dedicada a otras vidas]. Y así sucesivamente, con su bolígrafo fuertemente asido, marcando la hoja y también las posteriores. Otros esbozarán a lápiz con suavidad y luego adornarán tus guías con sus propias aportaciones e incluso recurrirán a un retrato para reconocer aún más a un ser querido o ya imaginado por ellos, reinventado, redibujado y readornado. Y recurrente. Mi primo se llama José, pero José a secas. Ni José Aureliano, ni José Arcadio, ni tampoco Aureliano José, por supuesto. Así que las iniciales de mi primo son J.B., como el whisky. Y a un labrador negro que compraron, su hermano lo llamó Cardhu, aunque los demás lo llamaban como a mí. Si un millón de monos no tiene apenas posibilidades de recrear un Shakespeare, ¿qué opciones tengo yo, que solo soy un hombre, de Inventar una frase completamente nueva? Una frase que jamás se haya escrito, dicho, o pensado, susurrado, soñado, cantado, representado o articulado. Una, en fin, que nunca se haya generado. Virgen, como decía antes. A veces escribo con música, o con la televisión puesta, de fondo, y a veces con una copa a mano derecha, esta noche de ginebra. Acaba de terminar La Huella, con Michael Caine, es decir M.C. Coprotagonizada por J.L. y dirigida por K.B. Me gusta más que la versión de los 70, en la que M.C. interpreta al joven. 

Los rasgos físicos a veces ayudan a conocer por dentro un personaje, pero tiene mucha importancia el cómo se dan esos datos. Por ejemplo, no sería lo mismo decir de mí que tengo los ojos marrones o pardos, o que soy razonablemente alto o anormalmente estirado. Alguien podría escribir que soy patizambo o en su lugar mencionar una ligera cojera, o incluso ignorar o no un tic que inquieta la comisura izquierda de mis labios y que por ello siempre bebo mi copa, esta noche de ginebra, por el lado derecho.

miércoles, 30 de enero de 2013

La larga calleja o De Glauco, Escila y Circe

Hay en esta calleja dos mujeres. Una me dice "vente conmigo" la otra me dice "olvídate de mi" y yo no hago caso a ninguna de las dos. Pero yo no sé si es que se me da mal elegir o es que no estamos hechos para esto.

He preguntado en el Consejo y entre mis hermanos y me han confirmado que si yo hiciera lo opuesto, ellas dirían lo contrario. Y yo no sé si es que somos todos tontos o es que nos esforzamos mucho en parecerlo.

jueves, 24 de enero de 2013

Que llores, que no llores

Lo que daría por que en tus ojos se intuyera una sola lágrima por mí. Lo que daría. Daría mi alma si es que tengo, daría mi vida si es que es mía, daría el mundo si lo obtuviera. Que si en tu mente cupiera la idea de llorar por mí, así obtendría yo el mundo.

Y en cuanto la posibilidad se dibujara ante mis ojos, lo que daría por que esa lágrima no se derramase de los tuyos. Lo que daría. Daría mi vida si es que tengo, daría mi alma si es que es mía, daría el mundo si tú quisieras. Que si en tu mano aterriza una gota de sal el mundo se hiele y tu llanto lo derrita.

lunes, 14 de enero de 2013

Si solo hay uno

-¿Cuántos te quiero se pueden decir en una vida?
-¿De verdad? Yo creo que sólo uno.
-¿Y qué son los demás?
-¡Qué sé yo! Puede que la expresión de un deseo: "Quiero quererte". Puede que simplemente sea mentira. O un intento de recuperar el te quiero que ya se ha dicho. Quizá se crea que es de verdad, pero que en realidad no lo sea; Decir te quiero es cómo soñar: Jamás estás seguro de que sea real pero puedes llegar a darte cuenta de que nunca lo fue.
 -Si estás en lo cierto, creo que no quiero pensar que ya he dicho mi te quiero. Debe ser muy triste eso. No quiero vivir sin poder decir te quiero nunca más. O sin pensarlo de verdad, o sin tenerlo claro.
-Yo solo lo diré cuando esté clarísimo. Y para eso tardaré todo el tiempo posible. Así SABRÉ que es el único. Incluso, si llega el caso, quiero decírselo a la vida cuando la muerte venga a buscarme.
-¿Y si para entonces tu vida soy yo?
-Entonces besando tus labios te diré te quiero y mirando tus ojos te diré adiós y desearé que me recuerdes aunque ya no importe.

sábado, 5 de enero de 2013

Tesoro en sus manos

Debería dejar de repensar nuestros encuentros. Por lo general después de verla dedico un par de años a recordar cada instante, cada palabra dicha y cada oportunidad perdida. Especialmente eso último. Imagino qué mejores frases podría haber pronunciado, cuándo podría haberme acercado o cuándo responder a una sentencia suya con un roce o una mirada en silencio. Y como un gran general, imagino diferentes alternativas para la siguiente batalla. Redacto y memorizo un protocolo de actuación para las posibles situaciones que se puedan dar. Pero debería dejar de hacerlo porque cuando estoy con ella ya no soy la misma persona, así que no recordaré nada de lo aprendido. 

Cuando estoy con ella soy como el niño con la flor en las manos. Sabe de la fragilidad y delicadeza de la flor y la ve tan preciosa. A veces se atreve a acercársela a la nariz y aspirar su aroma. La sostiene sobre ambas palmas abiertas y con la punta del dedo pulgar roza un pétalo con suavidad. Y la va enseñando con enorme emoción a todo aquel que encuentra si se le concede una mínima oportunidad de hacerlo. Pero siente sus manos sudar y temblar y le aterra que la flor se marchite y desmorone entre sus dedos. Quiere buscarle un lugar mejor pero no contempla la posibilidad de dejar de sostenerla con ambas manos; y camina despacio, con pasos cortos y los pies juntos, sin dejar de mirar su tesoro. Su tesoro en sus manos, que sudan y tiemblan de emoción y cuidado.

martes, 18 de septiembre de 2012

Balance

Queda una dulce y quizá tenue melancolía que mece en el insomnio, que entumece las piernas del sueño. Un amor limpio quizá perenne, libre de ansia, que no dirige a ningún sitio, templado e inmóvil, como el lento correr del tiempo en una espera. Si acaso un difuso mirar a un futuro lejano o una dolorosa ojeada a un pasado concreto. El pacífico aparcar de un libro que no se puede seguir leyendo.

jueves, 28 de junio de 2012

Bruma de noche cálida

He salido a la terraza y muchos escalofríos. Esta noche de principios del verano es sofocante, pero en la terraza del ático del quinto piso corre el aire.

El cielo está de un turbio naranja rosado o de un difuso rosa anaranjado. Distingo entre brumas las luces rojas que coronan un rascacielos y la Luna está tan baja que parece formar parte fija del skyline. Si me tumbo en la cama puedo ver una buena porción de cielo, pero solo de la región más oscura. Y de la Luna ni hablamos.

Apoyado ahora en la barandilla miro al suelo allá abajo y me preocupa darme cuenta de cuántas posibilidades hay de que se malinterpretara un accidente. Sobre todo por Ella. A veces se me acusa de describir escenarios demasiado tenebrosos. No creo que Ella cargue muchas de esas posibilidades, pero son justo ésas las que más me preocupan. Soy capaz de imaginar el último pensamiento que llegaría a mi mente antes de reventarme contra el suelo: "Por qué cojones lo he hecho". Supongo que no hallaría respuesta a tiempo. Instintivamente doy un paso atrás, temiendo un repentino golpe de viento o un impulso psicótico.

Cuando vuelvo a mirar arriba las brumas se hacen más densas y la Luna se cubre con un velo. Y ya no está tan fija y se va ocultando, poco a poco, tras los tejados. No la volveré a ver esta noche.

martes, 12 de junio de 2012

Sobre Roma y tantas cosas

La impresión que deja Roma es la de ser una ciudad majestuosa, que se ha enredado con los bordes del vestido al bajar una larga escalinata de piedra desgastada y ha caído de bruces en medio de los que, desde abajo, la adoraban. Tras el descalabro casi se ha visto obligada a complacer a aquéllos, y no se ha atrevido a no convertirse en una parodia de sí misma. Le ha faltado dignidad y orgullo. Ha leído la prensa y la literatura extranjera a las que no les importaba ser injustos y se ha creído todos los tópicos, y los ha asumido, se ha hundido y ya no sabe cómo volver a la cumbre. Al Imperio. Se la ve falta de andares, de gestos y sonrisas brillantes, de una carcajada oportuna e inteligente y de unos ojos que la volvieran a hacer sentir atractiva, que despertaran su altivez y su grandiosidad. Que sacaran su lado presumido. Hasta que entre las Cuatro Fuentes con un vestido rosa pálido, tacones con sandalias plateadas, casi romanas, y destellos dorados apareciste tú. Y allí, el cambio de rasante.

lunes, 11 de junio de 2012

Creep

Cuando aceptes dejar de correr detrás de un destino incierto quizá consiga alcanzarte yo, que voy caminando sin saber a dónde pero disfrutando del trayecto.

lunes, 4 de junio de 2012

Lee y dime

Lee las cosas que te escribo y dime que no ardes por dentro, que no buscas desesperadamente el aire que empieza a faltar en tus pulmones, que no imaginas mis labios recitándote al oído.

Lee los versos que me inspiras y dime que no me sientes morir por no poder morirme en ti, por que tú me mates y nada más que el tiempo que consumimos.

Lee mi alma y dime que no ves la tuya, la nuestra. Por mucho que duela. Por mucho que cueste.

Lee mi vida y dime que no quieres escribirla de tu puño y letra. Aunque te dé miedo.

martes, 8 de mayo de 2012

Cárgame esa piedra otra vez


No sé si fue un paso atrás o que habíamos ido dando pasos equivocados, dibujando un círculo que nos llevó al punto de partida. O quizá fue cuando, con las alas desplegadas, un furioso golpe de viento agitó las veletas y me empujó inconsciente por las alturas al momento que ahora revisito. Como Sísifo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La caja de música

La llama de una alta vela baila al son de los silbidos que por una rendija toca el viento que sabe a sal y relente. La sinuosa y semierótica danza es contagiosa y las sombras de cada instrumento y cachivache se proyectan en la pared entonando una orgía chinesca protagonizada por la silueta del farero, que se dedica a sacar de la mano a todas las demás sombras hasta la pista de baile. Si se pierde de vista la pared, el enorme y tosco cuerpo del farero se impone entre el entorno inmóvil. Y cuando él levanta la mirada del periódico y la pasea por el cuarto, la inquietante hiperactividad de los bailarines le recorre la espalda agarrada a un escalofrío, como el que sentiría un niño bajando las escaleras de un sótano mientras una caja de música se hace oír desde la oscuridad. Pero el niño, que no tiene más remedio que continuar, trata de acallar el terror tarareando una canción que conoce. Y el volumen de la cajita, de reborde de porcelana, sube y sube cuando el niño se tapa los oídos con las palmas de las manos enfundadas en las mangas del pijama, hasta hacerse ensordecedor y elocuentemente chirriante. Es posible que el farero tema lo que rodea a su amado faro. Pero quizá lo que teme es la propia figura amenazante y malvadamente majestuosa que con un ojo de luz otea el horizonte en busca de barcos extraviados que atraer hacia sí como una titánica y muda sirena. Siempre ve el faro coronado de fieras nubes negras. Y el temor se convierte en odio y viceversa y solo queda la opción de no separarse de una condena autoimpuesta a modo de terapia de choque. Espera curarse tarde o temprano. Y el día que coge esas escaleras camino del exterior, silba una tonada nostálgica como todas las que conoce, intentando silenciar la diabólica caja de música que quiebra la oscuridad allá abajo.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Fabes y pan tumaca

¿Qué hay más madrileño que un cucurucho de castañas, unos buñuelos, buena música y buen ambiente en la ribera del Manzanares durante las fiestas de La Almudena?

Éste es el eslogan que figura en la página oficial del Festival Castañas y Buñuelos. Y como cabezas de cartel: un grupo asturiano y otro catalán. Quizá más que una contradicción sea un gran acierto, porque ¿qué hay mejor en las ciudades tan grandes como Madrid que el cosmopolitismo?

De primer plato, Manel nos ofreció su buen hacer de sabor mediterráneo con una intensidad muy de agradecer. Con mucho tiento aderezaron las canciones más suaves de su repertorio con fuertes bases de percusión y profundos coros, para adecuarlas a las exigencias de la música en directo, y bordaron los ritmos de sus grandes éxitos, que el auditorio cantó a voz en cuello. Porque sí, en pleno festival a orillas del Manzanares el público disfrutó amb la llengua catalana como si el río se llamara Llobregat y se conmemorara la festividad de La Virgen de la Merced. Los barceloneses, conscientes de que las letras de su segundo disco, 10 milles per veure una bona armadura, no han calado aún como las de Els millors professors europeus, supieron alternarlas. Con el carismático Guillem a la cabeza, Martí, Arnau y Roger, dejaron grandísimos momentos, como cuando, exhibiendo su rápida verborrea, el cantante presentó a la banda de instrumentos de viento-metal que les acompañaría en varías canciones asegurando que se les había unido en la parada que el AVE realiza en Zaragoza. Aunque puede que su jugada maestra fuera durante la pausada Deixa-la, Toni, deixa-la, en la que hicieron partícipes al público diciendo que había de ser un ejército de marineros que, tras dos años en alta mar, entona una melodía para animar al “amigo Toni”. Una vez cesaron las sonoras carcajadas que esto provocó, clausuraron la canción con un lucimiento instrumental cercano al jazz.

Conocí a Manel en el Día de la Música 2010, cuando, de la mano de Nacho Vegas, versionaron My Kiss de los geniales Wave Pictures. Aquel día me llevé la gratísima sorpresa de su directo, ya valiente y atractivo, pero en esta cuarta vez que les veo (siempre dentro de un festival) no he dejado de notar su creciente confianza y lucidez sobre el escenario que enriquece sus ya de por sí brillantes elepés. En cambio, en cuanto a mi admirado Nacho Vegas sigue mediando un abismo entre sus participaciones en festivales, donde no pasa de ser un genio (en estas condiciones le he visto cuatro veces), y sus conciertos, en los que se muestra absolutamente magistral y que he disfrutado en tres ocasiones. Y creo que en este punto llega el momento de juzgar el Castañas y Buñuelos en sí.

Sin atreverme a determinar la causa, el patio de La Riviera bullía de gente que parecía estar allí por compromiso. Eso explicaría el tremendo murmullo que llenó los silencios de las estremecedoras Hablando de Marlén, Canción de palacio #7 (en la que sustituyó a Louis Vuitton por Steve Jobs) y Ocho y medio, canción esta última que defendió el gijonés sin su banda, que hizo mutis por el fondo. A eso se sumó la indolencia que caracteriza a Nacho en estas situaciones, en las que se ahorra grandes demostraciones de desparpajo y habilidad musical, y un mal sonido por parte de los técnicos (el micrófono amenazó con acoplarse sin remedio varias veces), para dejar en algo discreta y descafeinada la actuación.

Huelga decir que tanto Vegas como su banda, con Xel Pereda como peso pesado, aprovecharon alguna ocasión para demostrar su valía. La más destacable fue en la presentación de rigor de una canción de su próximo EP, que lleva por título Cómo hacer crac. De su nuevo proyecto, en el que deja ver su postura hacia la crisis, anunció que verá la luz este 21 de Noviembre, “para celebrar que habremos vuelto a perder”.

En el festival también participaron los grupos You don't know me de Carabanchel, La Estrella de David y, dentro del programa de música electrónica, el nuevo proyecto como Djs de algunos de los integrantes de Los (míticos) Planetas, los Zombie Kids y la gallega Marta Fierro, a.k.a. EME DJ.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Funambulista

Desde pequeño siempre supo que un día pondría sus pies sobre la cuerda. En la tierna niñez ya practicaba siguiendo las líneas que separan las baldosas del suelo o manteniendo el equilibrio en los ladrillos del borde de la acera. El día que se vio subiendo la escalera hasta casi rozar la lona de la carpa es el que recuerda como el momento en que empezó verdaderamente su vida.

El funambulista necesita su trayecto. El primer paso que dio tuvo un poco de miedo a las alturas. Algo inevitable. Pero volver atrás hasta levantarse sobre un material más firme no era una opción. No ahora que sabía lo que era estar suspendido a 23 metros en el Cielo.

Se siente a gusto y avanza saboreando cada sustancia que sus músculos queman concentrados en completar cada paso. Cada uno tiene una vida que aprovechar y por supuesto que se pueden tomar otros caminos, pero nunca es lo mismo. Y él disfruta cada instante que siente y sabe que está viviendo la vida que le corresponde.

No es cuestión de destino. Es mucho más que eso. Es cuestión de voluntad. Y de deseo. Los hados tienen poca mano aquí.

Sabe que el suelo está ahí abajo. Es algo inevitable. Y se acuerda de muchos otros que no han podido evitar besarlo. Pero él sabe que es diferente a ellos e incluso siente que la cuerda bajo sus pies no es como las demás cuerdas del mundo. Y confía que eso sea suficiente. Porque bajar no es una opción, ni tampoco retroceder. Y aunque fuera una opción tampoco importaría, porque es cuestión de deseo y de voluntad. A veces no puede evitar mirar al suelo, claro, y teme y los siguientes pasos suelen ser un poco más difíciles que los anteriores, pero no cabe otra posibilidad y su entereza aumenta con cada sobresalto.

Y disfruta cada instante que confía porque la conjunción entre él y la cuerda es prácticamente perfecta. El nexo entre sus pies descalzos y el tenso tejido parece forjado en una fragua mágica. Y a veces recuerda a Hefesto y lo fuerte que fue su caída desde el Olimpo. Pero confía en que ser diferente sea suficiente.

10 de Marzo de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

El orgasmo de los franceses

Haciendo caso a alguna gente importante subo este texto aunque un folio de extensión me parezca mucho para el blog.


Cómo se puede uno levantar cada mañana sabiendo que le queda mucho menos tiempo del que ha vivido. Con una siseante y gran s mayúscula comienza ese “Sabiendo que el ecuador de la vida de uno ya ha quedado muy atrás”. El otro razonamiento es cómo acostarse cada noche Sabiendo que te queda mucho menos tiempo del que has vivido. Pero esa euforia malsana, ese furor de actividad que te incita a mantenerte constantemente ocupado incluso en cosas que nunca te han importado ni quisiste que te importaran, como mantener bien barnizadas las butacas del porche, ese ansia de movimiento acaba pasando y cae por su propio peso, cuando queda claro que es absolutamente inútil intentar frenar el tiempo a base de acumular obstáculos entre los relojes y tú. No funciona así. Es cierto que un joven de, qué se yo, veintinueve o treinta años, puede cruzar un día con prisa la calle y quedar con sus sesos repartidos entre el suelo y el parachoques de un BMW sedán, con un niñato de piloto y una rubia de portentosos parachoques a su lado, que se pasa el dorso de la mano por la comisura derecha de los carnosos labios carmesí, y los abre mientras su atrofiado cerebro busca las sonidos que articulan un gritito histérico. Todo puede pasar. Pero una vez tienes la certeza de que la Señora Muerte avanza con paso firme hacia el cabecero de tu cama te suceden dos cosas: duermes con un ojo abierto y envidias esas muertes inconscientes, mucho más rápidas que el ojo humano y mucho más de lo que una rubia tonta, por lo general no verdaderamente rubia pero sí condenadamente tonta, tardaría en protagonizar un hipotético episodio de crisis nerviosa.

No hay gran cosa. No hay gran cosa en mi bolsillo, ni en mi cuarto y, lo más triste, no hay gran cosa en mi diario. Por suerte no hay gran cosa en mi agenda telefónica que pueda lamentar eso, que no hay gran cosa. Huelga decir que todo ello es culpa mía. Bueno, quizá no huelga tanto cuando la gente se empeña en demostrar que sus desgracias son culpa de otros. Es cierto que no he tenido excesiva suerte, pero solo alguien que hubiera nacido con un puñetero boleto de lotería premiado bajo el brazo habría conseguido llevar una buena vida con la manera en la que me he tomado mi existencia. Y no me refiero al dinero. Me refiero a todo menos al dinero. Quiero decir que quizá haya algún gilipollas que actuando como yo le haya ido bien, pero por cada uno de ellos debe haber un millón que andan igual de podridos por dentro y por fuera que yo. Y sin embargo, aun sabiendo que nos hemos tratado tan fatal el uno al otro, me aferro a la vida, porque no queda otra, porque puede que llegue el día en que me canse definitivamente de luchar, pero no creo que adelante a la Señora Muerte ahora que ella está tan cerca, mucho tendría que correr.

Si alguien se pregunta por qué la llamo Señora Muerte le explicaré que somos viejos conocidos. Yo no soy tan viejo como ella pero me conservo peor, así que casi empatamos. De hecho hay momentos en los que hemos llegado a tener una estrecha relación y por ella acabé renunciando a alguna de esas cosas de las que no tengo gran cosa. En una ocasión, de joven, leí una novela. No fue la única, claro, pero la traigo aquí porque la acabo de recordar y porque viene a cuento. En ella el protagonista era un romántico vagabundo y vagaba por ahí enamorándose sin parar de mujeres, una tras otra. Unas le dejaban a él y otras le aburrían insoportablemente hasta que él se convencía de que no podía querer por caridad. Al final del libro pasaba algo, que no voy a contar por si alguien lo quisiera leer, que le hacía llegar a la terrible conclusión de que la Señora Muerte (aunque él no la llamaba así) es la amante definitiva. Decía que la Señora Muerte es la verdadera media naranja, a la que se puede tardar mucho tiempo en conocer pero siempre acaba por llegar y hace que lo dejes todo por ella. Y si lo piensas, aunque esto no es una reflexión mía puesto que ya lo decía el autor (o el protagonista o el narrador o lo que fuera), es una conclusión casi tan tranquilizadora como terrible, porque al fin y al cabo es algo muy parecido al amor puro y, ¿acaso los franceses no llaman petite mort al momento cumbre del amor? Así que al menos queda la certeza de que todo el mundo será correspondido en su momento, incluso así, y esto sí que es reflexión mía, cobra sentido por qué “siempre se van los mejores” antes de tiempo. Será que son más fáciles de amar. A mí, en cambio, me mata la espera, porque soy consciente de ella, y quizá, ahora que lo pienso, aquella novela me dejó marcado. Quizá por ese símil nunca me dejé amar. Igual es que me tomé demasiado en serio el orgasmo francés.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Opus postremum

Me he llenado de lejía para estar más blanco y he engullido detergentes para que sea transparente mi piel y me he inyectado tinta en vena para que se pueda leer en los capilares mis últimas frases, sinceramente sentidas, pero no necesariamente ciertas. Con el cabello resultante de raparme la cabeza coserán mi espalda y en grandes letras con fuerte contraste se leerá el título de mi única novela, póstuma. Donaré mis ojos para ser leído.