domingo, 25 de noviembre de 2007

Desde Rusia con horror.


Mi infancia, aún cercana, transcurrió en un barrio moscovita. Era un barrio pequeño y familiar, entre la zona industrial y la burguesa. Quizá por eso una piedra rompió mi ventana.

Mi padre, un ex-dirigente de una breve facción del PCUS (el Partido Comunista de la Unión Soviética) que se codeó alguna vez con altísimos mandatarios como Brezniev o Gorbachov, entró en una terrible depresión con la caída del Muro. Si habéis visto Goodbye Lenin, esa peli alemana con aquella banda sonora tan buena del compositor Yann Tiersen, quizá podáis comprender la situación. Es cierto que nos pillaba un poco lejos, pero mi padre lo vio como un terrible y macabro augurio. A pesar de ésto, como buen padre que era, no dejó de llevarme al estadio del Spartak, mi equipo, ningún partido que jugara allí en el Olímpico. Tampoco me perdí una fiesta siquiera por la depresión de mi padre, de hecho, no supe de su afección hasta que dejó de asediarle: cuando murió. Yo tenía trece años y supe, ya entonces, que no podría seguir allí mucho tiempo. Y no lo digo por la horrible situación económica y política. Ni por los asquerosos inviernos rusos que odio con toda mi alma. No, por nada de eso, sino porque esa tierra que hizo enloquecer a mi padre (¿Quién dijo que la culpa la tuviera el Muro?) parecía acecharme maliciosamente para hacerme caer también en la lona mojada de leteo y desquiciamiento. Así llegué aquí. Por eso le pido que me dé trabajo en su tienda.

3 comentarios:

leteo dijo...

Pues ahora yo firmaré como si fuese tú, que cojones!!!

Leteo dijo...

jajajajajajajajajajajajajajajjajajajajajajjajaajjajajjajajajja

Anita dijo...

Adoro a Yann Tiersen!!
Sabeis que en Good Bye, Lennin! hay una canción que ya aparece en Amélie?

Un beso!