sábado, 10 de enero de 2009

Aquella carta

Cerca de la medianoche encontró aquella carta. Estaba entre varios papeles dentro de un cajón.

La conservó ahí probablemente porque era una de esas cosas que uno no se atreve a tirar o abandonar, pero que tampoco desearía ver cada día sobre el escritorio: leer incansablemente aquella carta una y otra vez hubiera sido, quizá, demasiado anormal, incluso para una personalidad plagada de sinsentidos, o más aún para una personalidad de sinsentidos plagada.

Sin embargo, de vez en cuando había abierto el cajón y había entrevisto aquella carta, sin siquiera tocarla, apartando de su mente la idea de abrirla, a lo mejor.

“Jueves, 24 de abril”. Parecía un día lejano, aunque no lo era tanto. Pese a la fecha, sí que era de un tiempo muy lejano, como de miles de kilómetros. “…tenía un rato libre, uno de esos en los que no sabes qué hacer (seguramente porque hay demasiadas cosas que hacer”; justo como este momento, pensó bostezando pero sin separar la vista de las letras manuscritas. Sonrió un par de veces con los generosísimos elogios que le iban dirigidos y volvió a leerlos imaginando los labios de ella recitándolos; se sonrojó y pasó al renglón siguiente: “aunque ninguno de ellos vaya dedicado a mí sabré que, al menos, algo he tenido que ver”, ¿sólo algo?, le parecía poco decir.

Luego, su poesía, sin rimas, innecesarias. Declaración de intenciones para la vida que le impulsaron a aplaudir, refrenándose para suerte de su familia, escaleras arriba.

“Ahora espero tu respuesta… no tardes tanto como yo”.

Recién pasada la medianoche volvió a guardar aquella carta que nunca fue contestada; hasta ahora: al fin escribió la historia.

3 comentarios:

Anita dijo...

Tantas y tantas cartas sin dueño ni respuesta...

Un beso!

MängänïN dijo...

y tantas cartas que nunca se escribieron... y que cambiaron el curso de la vida al no existir.
Me encantó tu post.

Ana Cabanillas Delgado. dijo...

Qué manera de recordar..excelente