jueves, 3 de noviembre de 2011
Funambulista
lunes, 31 de enero de 2011
Promesas que lo valen todo
-Solo si tu me prometes que jamás seremos normales.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Pies de bailarina
lunes, 13 de diciembre de 2010
Música en día de diario
En el metro aquel buen hombre empezó a tocar su acordeón con la mirada entornada y con un aire extasiado impreso en el rostro. Con una sonrisa tan sincera, tan plena, que a los viajeros se les antojaba demasiado solícita, como agresiva. Más bien exhibicionista y hasta soez. Mientras, los ojos, que participaban concienzudamente en la sonrisa, vigilaban cada uno de las fachadas de lado a lado del vagón en busca de gestos de aprobación. Quizá fuera eso lo que violentaba a los viajeros. O quizá que el método para conseguir esos gestos era tan inquisitivo que el buen hombre se volcaba encima de los que leían y se arrimaba a las parejas que se apoyaban el uno en el otro y el otro en el uno. En una ocasión incluso introdujo la cara entre dos viajeros que conversaban de pie. Yo me quede mirándole impasible y orgulloso, como retándole a sostenerme la mirada o instándole a seguir con su buen talante frente a mí. En un momento me estaba observando. Disimulaba, pero yo lo noté. Era un buen actor y su camino apenas pareció perturbarse. Algunos hubieran podido decir que no existía nada premeditado en el trayecto por el que sus pies le dirigían e incluso muchos otros asegurarían que su vaivén, su insolente manera de otear el horizonta del vagón y su dubitativo itinerario eran más producido por un consumo bastante indiscriminado de alcohol que de su propia personalidad. Pero el no dejó de mirarme hasta que de un buen puñetazo en la cara, hice que sus morros encontraran el sonoro y ahora ensangrentado suelo.
sábado, 27 de febrero de 2010
De estar jodido y no saber muy bien por qué
jueves, 24 de diciembre de 2009
Felipe IV es accesorio
Quizá sea que, por difícil que os parezca, todavía callo algo. Así que me obligo a divagar sin dirección para despistar esa conciencia. Como el que tiene hambre y salta a caminar o el que necesita ir al baño y salta a caminar.
De hecho, básicamente es lo que yo hago. Pongo una palabra delante de otra con cuidado de pisar sobre seguro, pero sin importarme el destino al que pueda llegar. Y todo para no arriesgarme a transcribir nada que haya quedado por masticar. Porque sé que si descubro algo, un sucio punto débil, tras haber pulsado este botoncito naranja que reza un blasfemo "publicar entrada", aun conociendo la posibilidad de borrar el resultado, me sentiré vulnerable por mucho tiempo.
Igual que hay que tener cuidado con encontrarse retratado por otro, puede que muchos Velázquez no se pinten en sus Meninas a propósito.
martes, 24 de noviembre de 2009
Alakrana y últimos fichajes
Entonces, ¿cómo seguir el relato de mi vida si ésta se ha paralizado? La única forma que se me ocurre es volver al lugar de donde partí, desvincularme del protagonista, hacer que de nuevo la imaginación desnuda tome el timón de la cochambrosa nave. En realidad no es tan difícil. Solo hay que cambiar una palabra de la última página que logré escribir de aquella historia por otra. Un nombre por otro, un sencillo cambio de cromos: Lectora en lugar de Nueva (Nueva ha causado baja, coloca en su lugar a Lectora). Un cambio tan simple permitiría volver a la más pura y limpia ficción y escribir sería otra vez un acto de feliz creación y no tanto de minucioso análisis.
El problema, como ocurre siempre para poder decirnos en un "caso grave", es que hay una complicación, por supuesto: que no quiero hacerlo. Y es porque prefiero mantener secuestrado el relato si el rescate supone ofrecerme a mí mismo como rehén.
viernes, 20 de noviembre de 2009
¡Silencio, silencio! ¡Aquí yace la Esperanza!
Esperanza está mala. No se acuerda de las cosas, a veces, y otras, cree en cosas que ya no son, pero que sí eran. Pero eran hace muchos años. A su lado, junto al sillón, frente al televisor, Sonsoles. Ahora no la recuerda, cree que es de la familia, pero le da pudor reconocer que no está segura y no dice nada al respecto.
-¿Mis hijos van a venir o qué? Ay, chica, que la niña viene más, pero el otro… ¿Cómo era?
-José Ignacio.
-Ay, sí. José Ignacio, mi Chacho. ¿Dónde está? Estará trabajando, claro. Los policías trabajan mucho. Ay, mi Chacho, ¡qué orgullosa estoy!
Iñaki, no José Ignacio, no está trabajando. Hace mucho que salió de la Ertzaintza para fugarse a Francia. A Bayona o algo así. Sonsoles sí que se acuerda, claro.
-Sí, Esperanza, sí. Tu hijo, un bendito.
-Pero, ¿por qué lloras, chica? ¿Tú también lo quieres mucho? ¿Es eso, eh, chica?
-Soy Sonsoles, Esperanza.
-Ya lo sé, boba, ya. Que no estoy mal de la cabeza, chica.
Lo ha dicho sin mucha convicción, por la cara de Sonsoles, más que por otra cosa.
-¿En qué piensas, chica?
-En nada.
Es mentira, claro. Sonsoles piensa en Esperanza, la pobre, que siempre renegó de lo que su hijo hizo después de abandonar la Policía pero se resistió a renegar de su hijo. Piensa en todas las horas que debió pasar sentada en un coche para visitar a su Chacho, al que siempre encarcelaban muy lejos de casa, cuando aún recordaba las cosas, antes de que llegara esta enfermedad que a Sonsoles se le antoja un regalo del cielo, por muy duro que suene. Por muy duro que suene y por mucho que rece por ella y por que se cure, no puede evitar pensar, a veces, que esta enfermedad es un regalo que el cielo ha enviado a Esperanza, para que no termine su vida sabiendo en qué se ha convertido su hijo, el mismo que tantas alegrías le dio cuando era joven. Que hasta le dieron una condecoración, en Madrid, hace ahora unos cien años.
-En algo estarás pensando, boba.
En lo que seguro no está pensando es en Iñaki. Seguro que no. Y tampoco en su marido. Ni en su cadáver tampoco, acribillado, tirado frente a la puerta de la casa hace ahora unos cien años.
-Mira que eres boba. Pero, ¿por qué lloras, chica?
-Por que sí. Por nada.
-No seré yo la que está tan mal de la cabeza, entonces.
Esperanza Chaos muere el 27 de enero de 2007, a los 83 años de edad, tras año y medio de dependencia producida por el Alzheimer y soportada por Sonsoles, viuda de Herrera, un militar finado por ETA en 1977. Por causa de sus hijos, Esperanza comparte un doble nexo con Sonsoles. El primero representado en el anillo que une a Altamira, su hija, con el hijo de ella. Son consuegras. El segundo nexo se constituye por otro familiar de cada una de ellas. Una víctima y un verdugo. El esposo de la otra y el hijo de la una, respectivamente: José María Herrera y José Ignacio De Juana Chaos.
[Es un chorri-reportaje que tuve que hacer para una asignatura de la carrera y yo qué sé... Es muy mierdoso como reportaje pero a mí me gusta. Está publicado tb en mi blog de la asignatura: Punto Crítico.]
miércoles, 24 de junio de 2009
De cómo G conoció a M
Sangre ajena, roja y abundante, y en las manos de G. Y una gota de sudor baja en tobogán por un escaso mechón de pelo rubio, choca contra un cristal para miopía y se hace mil pedazos. Y plas plas plas, las zapatillas de G esta vez, no son ajenas, corriendo de clase en clase. Y pum pum pum. Y el gatillo clic. Y las bofetadas plaf. Y G sigue: correr, abofetear, gatillear.
Y más gritos, más sangre, más ruido. Mucha sangre. Incluso sus propios gritos, su sangre, sus plas plas, le son ahora ajenos. Y plas, pum, clic.
Chic chic chic, M golpea el teclado buscando esa infame nota que se escurre entre sus dedos y piticlín una ventana se abre, G dice quiero verte, M dice que sea pronto y un avión trae a G al día siguiente y G y M son felices, sobre todo M, y H crece y crece.
M quizá nunca sepa lo que hizo G antes de venir y tener a H, aunque lloró mucho boquiabierta viendo ese reportaje sobre un instituto americano. Y gritó. Y sangre y ruido. Pero aún sabiéndolo seguramente no hará nada y seguirá feliz. Y siempre tendrá una niñera a la que llamar.
viernes, 29 de mayo de 2009
Semenario
Y Cardenal paró a Niño, orgulloso de servir de ejemplo, supongo.
-Y tú, pequeño, ¿quieres ser sacerdote de mayor?
Niño miró a Cura.
-¿Yo? ¿De mayor? Yo quiero ser aborto.
jueves, 30 de abril de 2009
Así habló Quasimodo o El derrocamiento del león
Por su parte, Nietzsche, en Also sprach Zarathustra transcribe este discurso -que fuera declamado en Die bunte Kuh, la Vaca Multicolor-: "[···] ¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? 'Tú debes' se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice 'yo quiero'. [···] Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu?¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa? [···] Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león."
A nadie se le escapará que parecen hablar del mismo león, pero tampoco que la imagen del francés es excesivamente optimista: el pueblo, llano y simple por definición e ignorante en honor al colectivo, tomará para sí lo que él crea la mejor parte, que rara vez coincidirá con el mayor premio... incluso la nobleza supo elegir mejor. El alemán renegado de tal, en cambio, considera a este león, al pueblo, un afortunado paso hacia el Niño (el del santo decir sí, la inocencia y la creación de nuevos valores). El negador nihilista sería, si juntáramos las palabras de ambos sabios, quien se ocuparía de los grandes edificios hasta que el pretendido súper-hombre llegue. O hasta que el niño, bailarín del precipicio, decida dormir para siempre al raso y convertirse en dios y en Dios.
"Dios dijo:'Haya luz' y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena, y la separó de las tinieblas."
lunes, 27 de abril de 2009
Hermandad Universal
Desde debajo del jersey morado y apoyado en mis zapatillas favoritas, que pertenecieron a mi padre, sujetaba la barra que soporta el techo del vagón, aterrorizado ante la idea de que se desplomara sobre mi cabeza. Cuando subió una pareja en la estación de Torrejón y se ofreció el galán a cumplir el papel de pilar, pude al fin sentarme, no antes de darle las gracias, claro, ¡que una vez fui a un colegio de pago!
Agotado como estaba (solo fueron dos paradas pero, al estar lloviendo, el techo pesaba más de lo normal), me desplomé en el primer lugar libre, es decir, al lado de una chica a la que no podía dejar de observar. Y no es que me atrajera, lo cual no sería extraño teniendo en cuenta mis antecedentes hormonales, sino que, en cuanto desviaba la mirada, olvidaba su cara y eso me frustraba. El caso es que no era en absoluto fea, pero al parecer carecía de todo rasgo que invitara a mi lujuria o mi interés. Tampoco encontré en ella ningún detalle que me desagradase. No sería capaz de describir su rostro, como decía, pero creo recordar que no carecía de feminidad. No era ni alta ni baja, ni flaca ni gorda, ni nada de nada. Se diría que estaba bien proporcionada. O al menos eso pensé en aquel momento. Puede que fuera morena, pero a ratos me vienen a la memoria ciertos destellos rubios cuyo origen no puedo concretar.
Ante la imposibilidad de precisar nada más la catalogué, sencillamente, como la Hermana Universal. Tenía (tiene, en realidad, a no ser que se cayera al salir del tren y le encontraran un cáncer terminal o una enfermedad degenerativa en fase avanzada que, tristemente, haya acabado con su vida antes de escribir yo esto) aquello que las hermanas tienen para los hijos de sus padres que hace que ellos, excepto en particulares excepciones, se vuelvan inmunes a las trampas que ellas pudieran dejar caer. Quizá las trampas de la pobre difunta llevaran repelente en el cebo. O es posible que fuera mi hermana en otra hipotética vida pasada, porque en Asamblea de Madrid-Entrevías la vi, con la cara pegada al cristal grueso y, como me daría cuenta después, pegajoso, besándose apasionada con un chico joven al que, sin ningún atisbo de vergüenza, me declaro completamente incapaz de describir.
miércoles, 22 de abril de 2009
Requiescat in memoria nostra
Confío en que la vida tras el fin de la vida resida en la memoria ajena y, gracias a eso, podríamos dejar de oír hablar de tanta patética rectitud y nos concentraríamos más en amar o ser amados, ya que solo tendrán Vida Parte II los recordados, ya sean queridos o despreciados. ¿Quién podría soñar un paraíso más bello que los buenos recuerdos de los demás? ¿Y qué terrible imaginación crearía un infierno más aterrador que el hecho de que la única constancia superviviente de toda una vida humana (puesto que el resto del cuerpo es solo la devolución de un préstamo que la Naturaleza nos brinda) sean pensamientos de desprecio, aunque a veces se tiñan de lástima y eufemismos?
A algunos les parecerá una idea desoladora y pesimista ("¿Que se puede fornicar a diestro y siniestro sin ir al infierno?") pero esta pretendida certeza me atrae mucho más que ser devorado por un demonio del tamaño de un elefante por toda la Eternidad.
martes, 31 de marzo de 2009
¿Sartresiana?
Me levanté para ponerme al fondo del autobús. Alguien había vomitado, quizá no tuviera ella la culpa del tufo, pero ¿qué demonios estaba haciendo? Algo con un imperdible abierto y un líquido negro y repugnante, con aspecto de brea -acaso una pócima mágica-, en el culo boca arriba de una lata de Aquarius. Al sentarme, al principio, pensé que Eso era lo que apestaba, hasta que descubrí el pastel. Sin embargo, más tarde no descarté que Eso o ella fueran la causa del chiste del último asiento.
En fin, yo me recliné en el penúltimo, con las rodillas apoyadas en el respaldo de delante, como siempre, mientras leía a Burguess y escuchaba la lista aleatoria del iPod. Canción 381: Scissor Sisters - She's my man, poco apropiada para el autobús y la náusea que contenía. La 382, de The Melvins, fue mucho más oportuna. Pura grunge (mugre, en inglés) en mp3 en el mugriento autobús con la mugrienta niña -llevaba un chándal rosa chicle lleno de bolitas por exceso de lavado y una camiseta azul celeste sorprendentemente limpia- de los calcetines blancos con mil vueltas en el mugriento dobladillo. No se veían sus piernas, pero si tuvieran la mitad de pelo que sus brazos...
Dos filas por delante de mí (en el asiento anterior a la hija del monstruo de Frankestein), un hombre miraba de soslayo continuamente al proyecto de-bruja-de-cuento-de-los-hermanos-Grimm. Llegando a Avenida de América, el hombre se levantó, recogió su chaqueta del último asiento y salió a toda prisa por las escaleras.
Por si fuera poco, llevaba un piercing y un abrigo rojo y negro. Y me la volví a encontrar en el metro.
martes, 24 de marzo de 2009
Solo con una
Y puedo ver la tinta corrida en el papel arrugado que crepita desdoblándose en la papelera. Líneas enteras, párrafos, páginas y cuadernos. Una sola palabra repitiéndose continuamente, letra por letra, hasta el infinito, en distintos tamaños y tipos de letra (MAYÚSCULAS, minúsculas, cursivas), pero siempre la Única. Hojas y hojas en blanco, llenas de surcos, cuando se secan los bolígrafos, a la espera de los que siguen. Y los libros de las estanterías, desgarrados en el suelo, superpuestos mis renglones a la tipografía negra que, si uno se concentra, aún se puede leer (solo quedan ahora rotuladores verdes) y Michael Ende perdiéndose en su propia Historia.
Ya sin papel ni tinta las paredes brillan rojas rezando en voz baja, musitando la palabra, mientras yo la grito a través de mis dedos y sus uñas rompiéndose a lo ancho de los rugosos muros. La angustia del que escribe. Al fin las muñecas quietas y la espalda en el suelo, mis labios esbozan repetidamente la mueca que precisa este verbo maldito, con altibajos, eso sí. Tan pronto murmurando en la noche de una playa desierta de vivos a las estrellas, como gritando sobre montañas nevadas de semen a los vientos silenciadores. Hasta llegar el momento en que solo el susurro es posible, entre los labios apergaminados (por desgracia, no lo suficiente para escribir aliviado sobre ellos), blanquecinas las comisuras, y perderse el texto, acabarse el cuento vocalizando un estertor y un punto y final.
"Farsa".
jueves, 12 de marzo de 2009
Tras el día de mi muerte
Si no lo entiendes pincha aquí (igual haciendo autopromoción...)
lunes, 9 de marzo de 2009
Rec - viviendo
En el cuento de Carpentier Viaje a la semilla, la vida de un hombre se rebobina al llegar Tánatos, empezando el relato en el occidente y acabando, no solo en el nacimiento, sino más allá.
Según algunas leyendas, Merlín el Mago vivía hacia atrás y por ello conocía el futuro. ¿Estarán contentos Platón y Descartes con lo que eso supone? Significaría que llega a la vida con todo el conocimiento y a medida que avanza, por decirlo de alguna manera, va recordando experiencias. Sin duda, esta persona podría no limitarse a ser un vulgar consejero de un rey feo y bajito con un nombre tan feo y bajito como Artús y llegar a ser un dios en la Tierra, al no ser posible otra clase de dios (no personificado, al menos).
Hay un problema en esto: si alguien conoce lo que ocurrió y lo que llegará, ¿realmente tiene devenir? ¿No sería su vida moverse en el tiempo atrás y adelante hasta la eternidad?
Puede que, tras viajar a la semilla, revivamos nuestra historia. Quizá así se explicara la posibilidad de la existencia del Cielo/Infierno. El primero consistiría en poder pasar de escena de la película cuando llegan los malos momentos y el segundo, en que el botón del fast forward esté atascado, o incluso se vea un remake de las peores jugadas.
Solo queda desear que Merlín el Magnánimo y Altísimo retrase al máximo ese momento: nunca me convenció el cine español.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Amor pero, sobre todo, sexo
Cuando mis amigos se fueron con aquella malísima escusa para dejarme solo con la chica, ya pensé que era mi noche. Ya no me acuerdo ni cómo se llamaba, con que os podéis imaginar si triunfé o no. No hace tanto tiempo.
Después de un rato hablando y tonteando, cogió el teléfono y me soltó un rollo en plan “mi piso se quema/inunda”, “mi tío ha tenido un infarto” o “a mi hermano le acaba de dar una sobredosis/accidente de coche”. Así que se fue corriendo y a mí ni siquiera me dio por pensar si era verdad o no, con el dolor en la entrepierna. Al final, viéndome solo en la barra de un bar con dos cubatas a medias, decidí quedarme y terminármelos, “al menos eso que me llevo para el cuerpo”.
En una de las visitas al baño, a uno le pareció encantador mi paquete y no dejó de mirármelo mientras yo hacía uso del urinario guión meadero. Me hizo pensar lo complicado que resulta tratar con mujeres y lo fácil que sería si no-pensaran, como los hombres, con lo que acabé en el clásico “yo si fuera tía sería una zorra” y en el inevitable “qué suerte tienen los gays”. No recuerdo si esto lo decía en voz baja pareciendo un demente, lo pensaba o se lo gritaba al camarero, ni si era porque ya me volvía la sangre a la cabeza o precisamente porque seguía donde estaba, pero seguro que nadie atendió a mi disertación, así que soy el primero en publicarla.
“Los homosexuales deben…” qué palabra tan horrible, si lo piensas. Con heterosexual lo mismo: parece que absolutamente todo se reduzca al sexo… sí la mayoría de las cosas pero, ¿todo? Digo yo que, porque un hombre se tire a otro hombre, no va a ser necesariamente homosexual. No, si solo se trató de sexo. Lo que llamamos homosexual sería entonces ‘homoerótico’, por ejemplo. Es decir, alguien que siente amor por alguien del mismo sexo o es susceptible de sentirlo (no el amor ése generalizado entre los cristianos, ése que todos se tienen y luego se tratan a patadas; y tampoco el que puedas tener a tu madre, claro). Distinguiríamos entre la gente que simplemente jode con personas del mismo sexo pero que en realidad es ‘heteroerótico’ y los que, además de tirárselas, podrían casarse con ellas, vivir juntos, etc. Con sentimiento, me refiero. Pero claro, no acaba ahí, porque podríamos catalogar a algunos como ‘aeróticos’ si no son capaces de amar a nadie, u ‘omnieróticos’ si pueden amar a cualquiera (da igual si por un rato o de por vida), y así sucesivamente.
Más o menos esto me decía yo allí sentado en el acolchado taburete y decidí poner en práctica la clasificación de la que tan orgulloso estaba. Con solo ver al camarero tuve claro que era bisexual, pero no sabía si meterle entre los ‘aeróticos’ o los ‘omnieróticos’, porque, aunque parezcan opuestos, los hay que viven para siempre con el ser no-amado y los hay que cada día aman de verdad a alguien. Me decante por ‘omnierótico’ con reservas y promiscuo sin escrúpulos ni remedio. Seguí como poco otro cuarto de hora con un grupo que bebía en una esquina y de los que no recuerdo los datos de la investigación, hasta que me aburrí. Cómo se iban a poner los conservadores cuando se enteraran de todas las razas distintas que había descubierto yo solito. Con la que han montado contra los matrimonios homosexuales, imagina si se legalizaran entre gays y lesbianas, quiero decir, gays con lesbianas.
-Hola, guapo. ¿Tomas algo?
-Lo siento, soy heteroerótico.
-¿Qué?
-Un bourbon con limón, gracias.
viernes, 16 de enero de 2009
Imaginación desbordante
Tenía los ojos muy azules con un aire sensual, entreabiertos, protegidos por los cristales rectangulares y finos de unas gafas de montura al aire. Igual de entreabiertos llevaba los labios gruesos, que parecían fruncidos en una medio mueca que, seguro, despertaba pensamientos lujuriosos en la mayoría de hombres, sentados o de pie, del vagón.
Ignatius Reilly se estaba tomando un repulsivo baño mientras su madre se desahogaba telefónicamente con Santa, la tía del patrullero Mancuso: el obeso ahora trabajaba de vendedor ambulante de bocadillos de salchicha. Acabaría matando a su madre de un disgusto.
Unas botas oscuras aterciopeladas se camuflaban sobre los pantalones, que podían ser vaqueros, de un color muy parecido, con una chaqueta de pocos botones a juego. Le separaba de la piel clara una camisa blanca a rayas azules o azul a rayas blancas, verticales. También estaba algo entreabierta. Poco, pero suficiente. Y mas pensamientos lujuriosos, y más ojeadas lascivas.
Myrna Minkoff había escrito una carta en el reverso de un cartel que ahora se empapaba entre los rechonchos dedos. Acusaba al gordo de reprimirse e impedirse un desarrollo mental-sexual saludable. La carta carecía por completo de teología y geometría.
El pelo, ondulado, lo llevaba suelto, enmarcando el espectáculo que era su rostro, gobernado por esos ojos.
Mi abierta imaginación trataba de convencerme de que se fijaban en mí.
Salí en Ciudad Universitaria y ella permaneció sentada con los folios en la mano, pese a mi fantasía, empeñada en que me seguía con la mirada.
Camino de la calle, por las escaleras mecánicas ascendentes, sorprendí, en las de sentido opuesto, a otra chica mirándome a los ojos. Quizá.
miércoles, 7 de mayo de 2008
El Starbucks es lo que tiene...
-Es como un autógrafo pero hecho por otro.
-Vamos... un grafo...
-Querrás decir un heterógrafo.
-No. Un grafo. Como "autobiografía", que viene de "biografía".
-Pues no, porque una autobiografía no es lo contrario de una biografía. ¿Sabes? Tienen que ser contrarios... Si un autógrafo es un grafo hecho por uno mismo, un heterógrafo es un grafo hecho por un hetero...
-Ejem...
-Sí, bueno, tú ya me entiendes. En fin, que ese café me correspondería a mí.
-Pues hala, toma.
-No, no. Te lo regalo... Si es que soy muy complaciente.
-Sí, y muy autocomplaciente también.
-Jaja, desde luego. ¡Aunque lo que más soy es biocomplaciente!
[Y a buen encendedor, pocas palabras gastan... (o algo así).]